El Susurro del Caballo (Una técnica de psicoterapia asistida)

10.01.18
El Susurro del Caballo
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Desde hace unos años se hizo famoso un grupo de personas que llamaron los “susurradores de caballos” los cuales nos decían que hablaban con ellos en voz baja, como un susurro. Siempre me ha parecido muy curiosa esta forma de hablarle al caballo pero, debo confesar, este tipo de comunicación no deja de ser un verdadero misterio para mí. Dicen que el susurrador convence al caballo de hacer ciertas cosas o tomar determinadas conductas, especialmente durante la doma llamada racional. Lo he intentado y a veces creo que funciona, pero no podría decir que fuera el resultado de mis órdenes o la casualidad del momento. Termino utilizando el lenguaje corporal el cual poco tiene de susurro y más de danza india. Lo que si he comprobado es aquella afirmación de Molly Sivewright cuando dice: “Es mucho más fácil comunicarse con un caballo con el pensamiento de lo que se cree. La voz junto con el pensamiento es una fuerte influencia, pero el pensamiento del jinete aplicado con fe y concentración puede ser por si solo extremadamente poderoso” (pg. 213) Claro está que, como veremos en este escrito, la fuerza no está en el pensamiento sino en el sentimiento, de modo que si sustituimos la palabra pensamiento por la de sentimiento, en el párrafo citado, tendremos una afirmación perfectamente acorde a lo que pienso de este proceso de vínculo con el caballo.

En algún momento me acerqué al caballo para decirle muy bajo alguna cosa y de pronto sentí que el monólogo era en otra vía: sentí que el caballo me susurraba y no yo al caballo y a mi mente llegaban mensajes emocionales como si estuviera yo en actitud de oración. Mi escepticismo afloró de inmediato y mi formación académica me presentó una serie de razones y argumentos que descartaron toda posibilidad de verdad sobre lo que estaba sintiendo. Esta imaginación mía, pensé.

Pasó mucho tiempo y tuve la oportunidad de conocer a una señora muy famosa, aquí en Colombia, porque habla con los animales .Estuve todo un día con ella y solo puedo decir que muy posiblemente ella tiene un don desconocido para la ciencia actual. No entiendo como el animal le habla con conceptos que solo usamos los humanos o con una sintaxis que solo una mente racional puede estructurar. Todo lo que he leído sobre el antropomorfismo y la humanización animal se alteró en mi mente. Pero, repito, en el mundo de la naturaleza cuántica todo puede suceder fuera de nuestro esquema intelectual y si por casualidad observamos un gato jugando con una cuerda que tenemos tomada por un extremo, empezaremos a aprender como el gato actúa con conductas racionales, pues prevé mis movimientos, memoriza mis argucias y se anticipa a mis reflejos. Mi duda seria radica en por que el mensaje que la señora recibe sucede en la mente y no en el sentimiento. Es decir, la señora “escucha” las conversaciones del animal, no “siente” lo que dice el animal. Posiblemente sea así, pero para mi propia experiencia, los susurros yo los siento, no los pienso.

Si la señora observa un perro, por ejemplo, nos puede decir que dice el perro de su amo y nos trasmite las frases del animalito.

Si yo observo un caballo, seguramente sentiré algún tipo de emoción como felicidad, tristeza, angustia, miedo, inseguridad, duda o cualquier otra emoción que logre identificar en mí. Ese es el susurro, el mensaje que mi amigo caballo envía a mi inteligencia emocional. La cuestión está en llegar a él en estado neutro o mejor en actitud abierta, apartando mis propias vivencias y sentimientos, para dejar el campo libre a la emoción que el caballo me va a trasmitir. La segunda cuestión está en la interpretación de la emoción que me produce el caballo. Aquí es donde la razón trata de opacar la intuición y entonces debo volver a aquietar mis pensamientos y dejar la pensadera. Lo que si es cierto es que, en mi caso, debo tener la vista, el oído y ante todo el tacto, en disponibilidad para lograr ese vínculo maravilloso que he llamado el susurro del caballo.

Pero, este ejercicio de vínculo emocional con mi amigo caballo que me ha enseñado? Muchas cosas, entre otras, me enseñó a distinguir entre religiosidad y espiritualidad. Me llevó a Pierre Teilhard de Chardin quien marcó las diferencias espléndidamente. Así comprendí que la forma de comunicarse con los animales es solo una: desde el corazón, no desde la mente, ni desde la palabra, ni desde el lenguaje oral. De tal modo que algunos pueden decir que hablan con los animales, que reciben frases y conceptos de ellos, que los ven en visiones o que con la simple foto pueden entenderlos, todo eso puede ser válido y solo espero que algún curioso investigador nos explique el cómo logran esa conexión. En mi caso, ni oigo, ni veo, ni recibo quejas, sencillamente siento.

El susurro se recibe con el corazón, no con la mente. Si lo recibiéramos con la mente, el mensaje estaría contaminado por nuestros conceptos, principios, reglas y estructuras intelectuales. Pero, debo aclarar que el susurro funciona si aceptamos que tenemos dos cerebros: el cerebro mental y el cerebro emocional o cardíaco. Obviamente que del corazón se traduce a la mente para identificar la emoción que ha surgido. Aquí es donde respeto mucho a la señora que habla con todo tipo de animal, admiro su capacidad de trasmitir el mensaje del animal sin contaminarlos con sus propias ideas.

Para comunicarse con el caballo, en mi caso, debo estar totalmente consciente y despierto y a su vez el caballo debe estar dispuesto. Decir que voy pasando por la calle y el perro del vecino me ha dicho tal o cual cosa, es para mí un imposible ético. Las condiciones para esa comunicación intuitiva deben darse en la forma, lugar y tiempo adecuados.

Cuando un caballo me susurra, yo soy el que debo prestar atención a esa emoción interior que surge en mí y no prestar oído a lo que “dice” el caballo por que posiblemente estaré oyendo lo que yo quiero oír.

El susurro del caballo no tiene reglas. Las emociones van surgiendo en mi interior en distintas formas y tiempos.

El caballo no juzga, no cuestiona, no reclama, no sentencia ni tiene sentimientos de venganza o agresividad. Él te susurra a tu espíritu emociones diversas que tú debes analizar desde la intuición según las circunstancias de tiempo, modo y lugar. Por ello, se me hace difícil afirmar que el caballo me ha dado quejas de cómo lo trata su amo o como le falta cariño y delicadeza en su doma. Siento de pronto una profunda tristeza y por lo tanto lo único que podría decir a su dueño es que me susurra un sentimiento ligado posiblemente a algún evento con su dueño o con el medio donde está. Seguramente quienes tienen el don de “escuchar” a los animales puedan ser más específicos, pero yo, desde los susurros no podría ser tan puntual.

El caballo siempre me trasmite paz y así sea una emoción supuestamente negativa, nunca me deja asustado o temeroso. Si yo los “escuchara” seguramente que quedaría muy preocupado por las quejas y reclamos que pudiera oír.

El caballo me hace sentir y yo trasmito este el sentimiento al consultante para que él pueda corregir, mejorar o reforzar lo que haya que mejorar. Una vez identificado el sentimiento, debo decirle al consultante qué me ha hecho sentir el caballo y entonces deduciremos los efectos del fenómeno en cuanto beneficie al interesado. La experiencia me ha enseñado que cuando le cuento al consultante el sentimiento que ha nacido en mí, éste también empieza a sentir emociones y vivencias nuevas frente al caballo. Ese proceso de aprendizaje emocional es, precisamente, el mayor aporte que he logrado en la Psicoterapia Asistida por medio del Susurro del caballo.

El susurro es una señal que te sacude a ti, no a otros y por lo tanto trasciende todo conocimiento, toda ciencia, toda pensadera. Es una experiencia íntima y personal entre tú, el consultante y ese psicopompo o mensajero de otra dimensión. El susurro del caballo es para aquel que le presta oído y cuidado a su voz interior. El susurro del caballo es una puerta de entrada a tu propia consciencia.

El susurro del caballo es para mí el susurro del ángel que Dios te envía para tu propio crecimiento espiritual, por lo tanto es un acto de fe intuitivo y racional. Ambas cosas, pues surgen de tu sentimiento y se explica en tu razón.

Quizás sin culpa, o mala intención, quien “habla” con los animales termina creyéndose las palabras o creando los mensajes. Quien escucha los susurros, solo debe identificar los sentimientos y emociones, manifestándolas a terceros, si es del caso, quienes comprenderán el mensaje subyacente. En el proceso del susurro, yo acerco al interesado a su propia verdad y consciencia y solo él podrá encontrarla y comprenderla. Yo nunca interpreto a los terceros estas emociones, sencillamente les comunico lo que el caballo me hace sentir y son ellos, los terceros quienes harán sus propias interpretaciones. Además, no olvidemos que el consultante también puede recibir directamente del caballo el surgimiento de una emoción y entonces el proceso psicoterapéutico se enriquece mucho más. Por eso rechazo cuando me dicen que soy muy acertado en el proceso, les insisto que si hay alguien acertado, es el cliente que interpreta y recibe el mensaje. El susurro encuentra la emoción adecuada para encriptar el mensaje.

Quien consulta al hablador con animales, está buscando que le digan qué hacer o cómo comportarse con determinado animal. Quien acude a mí solo me oirán decir que escuchen su voz interior cuando yo les comunique las emociones que siento o cuando lleguen las emociones que reciben del caballo.

Si yo escuchara hablar al caballo, posiblemente podría causar dolor o rechazo en el tercero al hacerle conocer las “opiniones” del animal. Yo sencillamente les cuento las emociones y el tercero termina también sintiendo desde su interior. Este proceso unirá más al tercero con su animal, porque no hay lugar a heridas o resentimientos. Si las personas aceptan que sus mascotas pueden decirle a alguien cosas muy personales de sus dueños, pues pienso que cada día los humanos vamos a querer tener menos mascotas, pues sería como un espía en casa o como dormir con el enemigo. Si la persona aprende de la emoción que susurra el caballo, solo esa persona podrá entender el mensaje encriptado al identificar sus propias emociones, nadie más.

Si yo hablara con los caballos tendría que hacer creer al tercero lo que le diga, pues éste no tiene prueba alguna de si es cierto o no, solamente podrá buscar coincidencias con su realidad y aceptar o no lo que está oyendo. Al yo sentir el susurro del caballo, lo trasmito al tercero y éste sentirá o no en su interior algún cambio que yo llamo voz interior. Esa es la prueba de la existencia de un mensaje que solo ese tercero va a comprender. Yo no necesito hacerle creer nada ni interpretarle nada.

Generalmente las personas que buscan saber que dice su animal, es porque están en un problema con dicho ejemplar. Y normalmente el mensaje oral que reciben es fuerte o doloroso, sobre hechos pasados entre caballo y dueño, pues casi siempre es una crítica a la relación entre ambos que se localiza en el campo mental del consultor. Cuando yo trasmito lo que siento en el susurro, el sentimiento, el cliente siente en el momento, en el presente, el mensaje del caballo y sus emociones pueden empezar a aflorar de tal manera que logra tener una visión, no solo de su vínculo con el caballo, sino de la totalidad de su relación con su entorno personal, familiar o social. En mi caso yo no busco que la relación hombre-caballo se mejore o aclare. Yo busco que la relación hombre-vida se clarifique y para ello acudo a las ventajas evolutivas que poseen los caballos.

Alguna vez un dueño de caballo me pidió que le observara su ejemplar porque desde hacía semanas lo notaba cambiado y difícil. Fui a su finca, preparé emocionalmente al dueño, hice vínculo con el caballo, un pura sangre paso fino e inicié el contacto. Luego le comenté al dueño que el sentimiento que sentía era de una profunda tristeza y seguidamente de inseguridad. El señor se quedó mirando a su caballo y luego de unos largos minutos y de un silencio extraño, se fue hacia la casa de la finca y llegó al rato con su esposa, quien de inmediato abrazó al caballo como era su costumbre. Al verla hacer eso, yo sentí mucha alegría, pero el sentimiento de tristeza aún permanecía en el fondo de mi alma. El señor me preguntó que sentía, yo le respondí lo que estaba sintiendo y él se quedó pensativo y con los ojos mirando profundamente su ejemplar. Luego de un largo rato, muy disimuladamente empezó a secarse las lágrimas, mientras regresaba solo y en silencio a su casa. Unos días después nos reunimos nuevamente con él y su esposa y me dijo: yo estoy muy agradecido con Usted y mi caballo porque me hicieron caer en la cuenta del error que estuve a punto de cometer. Por múltiples circunstancias, continuó diciendo, yo me involucré clandestinamente con una joven mujer muy bonita y estaba planeando separarme de mi esposa. Durante mis cabalgatas por estos parajes, estuve maquinando la mejor forma de decirlo a mi esposa sin herirla. Pero mi esposa intuía la situación calladamente y cuando venía a abrazar al caballo lloraba en silencio mientras lo consentía. En días pasados, cuando tú me dijiste, dijo él, que sentías mucha tristeza e inseguridad, empecé a sentir un remordimiento y una sensación de engaño que nunca había sentido. Sentí que debía traer en ese momento a mi esposa y así lo hice. Cuando la vi abrazando al caballo y tú me dijiste que sentías alegría pero también tristeza, revivieron mis sentimientos por ella, me sentí traidor y falso, Por eso me retiré sin despedirme siquiera. Tuve el valor de hablar con mi esposa y ella tuvo la nobleza de comprenderme. Gracias al susurro de mi caballo hemos renacido en el amor y recuperado la pareja.

Este ejemplo y muchas vivencias más, nos resaltan las diferencias entre oír hablar y sentir susurros. En el primer caso la persona oye al animal y de inmediato verbaliza lo que llega a su comprensión, es decir, a su mente. Es muy probable que quien habla con los animales hubiese escuchado lo de la infidelidad del dueño y con certeza tendría que decirlo generando así un conflicto mayor. En el segundo caso, yo trasmito lo que estoy sintiendo y esto llega al campo emocional del interesado quien empieza a sentir también cambios emocionales. Ahora bien, esos cambios no necesariamente se relacionan con el vínculo entre interesado y su animal, puede referirse, como en el ejemplo citado, a una relación del entorno del interesado pero donde el caballo tiene participación directa con los protagonistas. En el ejemplo anterior, el caballo me hizo sentir otras emociones mientras su dueño iba a la casa en búsqueda de su esposa. Sentí tranquilidad, agradecimiento y pude deducir que la situación se relacionaba con su dueño y su entorno. Pero no comenté nada, pues no interpreto al interesado para no direccionar su pensamiento.

Más adelante veremos cómo funciona el susurro del caballo cuando acudimos a un caballo que no es propiedad del consultante. En mi caso, cuando utilizo los caballos de mi Fundación de Hipoterapia debo hacer un proceso previo con el interesado y el caballo seleccionado.

Siempre he querido saber cómo se comporta la energía en las diferentes emociones o mejor, cuanta energía tiene determinada emoción frente a otra. La intuición me dice que la ira debe tener mucha energía, mientras que la indiferencia tendrá menos. Pero también siento que una indiferencia puede causar más impacto en el otro que la misma ira. Seguramente algún día, si la hermana muerte me da tiempo, me atreveré a escribir sobre las “cantidades energéticas” de las emociones. O será que las emociones son neutras y su fuerza depende de otro motor interior que las intensifica o disminuye según las circunstancias? Habrá que investigar. Habrá que mirar cómo se controlan las emociones, según dicen los psicoterapeutas a sus pacientes. O precisamente por tratar de controlarlas es que el paciente se empantana en su problemática mental? Yo siempre he creído que una emoción se controla con otra emoción, no con el pensamiento y cuando recibo el susurro del caballo lo compruebo. Será que cuando Freud nos habló de las pulsiones del yo, se refería a la energía de las emociones? Será la fuerza de la libido que tantos rechazos generó en la era victoriana de Freud? Pero, como se mide la fuerza de una pulsión?

El lenguaje hablado es creación humana y como tal es imperfecto, lo cual indica que hay un margen de error o equivocación. Ya lo decía el mismo Freud cuando explicaba el lapsus linguae y su registro en el inconsciente. Las emociones nacen en el espíritu y en consecuencia tienen origen divino, por lo tanto su margen de error es mínimo. Desafortunadamente la sociedad se ha encargado de menospreciar las emociones y sentimientos afirmando que alguien es superficial o irracional si es “emocional” o en otras palabras que no es serio en sus conceptos. Tamaña falsedad. La sociedad moderna incrementa el analfabetismo emocional. Nuestra juventud sufre de hipoxia emocional y no hacemos nada por atenderla. Nos preocupamos más por el desarrollo intelectual, por la rectitud del pensamiento y por la sabiduría académica que por la transparencia de los sentimientos y la fuerza energética de las emociones. Creemos que las manos y brazos son simplemente los miembros superiores y hemos olvidado el lenguaje corporal y sanador que se inicia precisamente en los diez dedos de las manos.

El susurro del caballo puede abarcar todo el entorno del hombre. La comunicación hablada solo puede abarcar, si es real, algún tópico o alguna situación determinada.

El susurro se inicia en la consciencia. El habla en la mente. El susurro tiene que ver con el ser, el habla con el hacer. El susurro nos hace ver el poder de Dios en la naturaleza. El habla nos puede hacer dudar de la fuente de donde posiblemente pueda provenir. El Habla, si existe, es una técnica. El susurro es una meditación.

El que dice escuchar hablar al animal recibe cuestiones pasadas y generalmente doloras. El que recibe el susurro del caballo solo recibe en presente y sin calificativos de valor. El hablar nos hace creer en la naturaleza. El susurro nos hace conscientes de Dios. El que dice hablar con los animales está tocando tangencialmente una faceta pequeña del universo. El que recibe susurros está entrando a la totalidad gestáltica del ser.

Yo termino de escuchar el susurro del caballo en mi intimidad y me considero un afortunado cuyo ser espiritual pasa por una experiencia humana y la ganancia máxima es precisamente encontrar a Dios en esos momento. Quien dice hablar con el animal, es un ser humano que se asoma a un mundo espiritual pero retorna rápidamente a su coraza humana y no tiene tiempo de encontrar a Dios.

No he querido menospreciar a quienes hablan o dicen hablar con los animales. Repito, en la naturaleza todo es posible, lo que sucede es que no he podido encontrar una mínima explicación del fenómeno para procesarlo en mi mente. Al contrario, el susurro que despierta mis emociones y sentimientos, me lo explico desde la fenomenología, la Gestalt, la espiritualidad y más que nada desde la intuición. Muy posiblemente los estudiosos de la Sintergética nos podrán explicar, desde su visión, muchas dudas que aún manejamos en nuestro diario quehacer con los pacientes y los caballos.

Alguna vez alguien me preguntó si el caballo o el perro tenían espíritus como el humano a lo que respondí: estoy seguro de ello. Si bien es cierto que evolutivamente somos superiores en cuanto a racionalidad y espiritualidad, desde siempre la humanidad lo ha sabido y por ello los antiguos hablaban de psicopompos, refiriéndose a estos mensajeros del cielo. Cuando leo a la Dra. Elsa Lucia Arango y encuentro que ella, con esos dones especiales que Dios le ha dado, ve y observa mascotas en el camino celestial, reafirmo mi convencimiento respecto a la misión de los caballos en la Hipoterapia y la Psicoterapia Asistida.

Dios los bendiga

Ps. GUSTAVO PALOMINO GOMEZ
Aprendiz de Emociones

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