06.10.20

Un Leviatán llamado Algoritmo

Ps. GUSTAVO PALOMINO GÓMEZ

Cuando niño era un aficionado, casi adicto, a los "comics" que vendían en todas las esquinas y teatros de mi ciudad, los domingos antes del matinal. Existía un mercado subterráneo de "cambio de cuentos", generalmente situado en la puerta de la zapatería del barrio, donde se colgaban los comics usados en unas cuerdas, semejando ropa recién lavada, al cual acudía con mi arrume de historietas para cambiarlas por aquellas que no había leído. Las ventas de los teatros se situaban en el piso, en un lugar estratégicamente localizado por donde pasaba la fila de niños, de tal manera que uno podía ir mirando qué cuento le hacía falta mientras ingresaba a la sala de cine. Muchas horas pasé fantaseando ser el héroe de la historieta, el viajero en el tiempo, el poseedor de un reloj con televisión incluida, que, para esa época, no dejaba de ser la entelequia más grande e imposible de realizarse.

Siendo aún muy chico, una ingeniera amiga de la familia, me llevó a conocer el computador de la empresa de teléfonos de la capital. Era un piso completo donde unos señores perforaban las tarjetas con las cuales alimentaban un monstruo que las devoraba y luego arrojaba unas tiras largas de papel verdoso con orificios a los lados, que otros señores tomaban y leían absortos. No salía de mi asombro viendo lucecitas y botones como nunca. Aquel era un mundo extraterrestre para mí y desde ese día la ingeniera se convirtió en uno mis personajes más admirados.

Pasados los años, estaba yo muy sorprendido del celular que exhibían en una vitrina, parecía un ladrillo negro, pesado y feo, pero era "lo último en tecnología". ¿Sabes, me dijo la ingeniera de la historia, ya vieja y en proceso de retirada del mundo laboral, ese celular tiene la misma capacidad del computador de la telefónica que un día te llevé a conocer, te acuerdas? Y llegará el día en que el celular quepa en la palma de tu mano.

Mi capacidad de asombro llegó al nivel crítico. Pobre, pensé, ¡los años le están pegando duro! Si es hora que se retire.

Ya en la Universidad empecé a escuchar de bits, lenguajes de computador, sistemas integrados y muchas terminologías que fueron creando un mundo superior que tuvo su clímax cuando el hombre llegó a la luna. Bueno, pensé, todo eso quedará en la luna y en la tierra seguiremos viviendo tranquilos como siempre.

Mi primer computador parecía la cabeza de ET, el extraterrestre del cine, diseñado por IBM y construido por Radio Shack, lo cual para mí era como si me dijeran, hoy en día, que el automóvil tiene diseño GM, pero es construido por Ford. Me daba igual, lo cierto es que ese aparato me empezó a enseñar que la máquina de escribir se estaba quedando atrás y tal vez por eso utilizaba el computador como si fuera otra maquina Olivetti, que tantos años había sido parte importante del mobiliario de mi casa. El corrector de errores era indispensable en todo trabajo escrito. Era una pintura blanca que se aplicaba con un pincelito sobre la letra equivocada. No se sabía que era peor si el error o el emplasto que dejaba el corrector. Con el computador ya no había errores incorregibles. En los primeros años de mi carrera utilizaba el esténcil para hacer copias, proceso dispendioso y de calidad muy cuestionable. Ahora se podía escanear el original y la copia quedaba mejor que este. El computador empezaba a ganar afectos.

Hasta ese entonces, la tecnología estaba fuera de la persona y era ella quien accedía según sus necesidades y oportunidades.

Poco a poco fui dándome cuenta que los computadores empezaban a manejar nuestras vidas. La frase "que pena es un dato errado del computador" empezó a hacer carrera en el mundo de los ciudadanos. El computador era algo así como un gran hermano que nos empezaba a manejar la existencia.

En algún momento tuve que solicitar mis notas académicas para poder cumplir con los requisitos de grado y me salió una anotación del computador respecto a una materia, de años atrás, con la nota cero. Acudí preocupado a la secretaria de la facultad y presenté mi queja. Qué pena, es un dato errado del computador, lo mejor es que repita la materia o consiga que el profesor nos envíe una nota. Mi sorpresa y fastidio fueron enormes. ¿Cómo que repetir una materia de la cual yo mismo había sido monitor auxiliar de cátedra? ¿Como buscar al profesor quien había muerto hacia un año? Por otro lado, si la materia perdida era de años anteriores, ¿cómo había podido inscribir las materias de los siguientes años? ¡Ah! ¿Usted fue monitor de esa cátedra? Ya lo recuerdo. Posiblemente el computador tomó su nombre como profesor auxiliar y no como alumno. Ese fue el error.

  • ¿Bien y como se soluciona?
  • Pues pase una carta al Consejo Académico y plantée su caso.
  • Pero, señorita, ¿no se puede corregir el error ahora mismo?
  • Yo sé que usted fue monitor del profesor que murió, seguramente conoce muy bien la materia, pero el computador dice que tiene cero y no puedo hacer nada. Qué pena, yo no puedo cambiar los datos del computador salvo orden superior.

La verdad que conocía la secretaria no tenía importancia ante la "verdad" del computador.

Esa máquina infernal empezaba a manejar mi vida.

Recuerdo que el día en que por fin se solucionó el problema, gracias a una orden directa del Rector, pasaba yo por el frente de la empresa de teléfonos, aquella a donde la ingeniera me había llevado y vi largas colas en la ventanilla de "reclamos". Pregunté a una señora de la fila por qué había tanta gente y me respondió: es que el computador cometió errores en la facturación de todos los que estamos aquí.

Si yo me demoré 15 días para solucionar un error obvio, cuanto tendrá que esperar esta gente, pensé.

Para el computador de la telefónica el tiempo y la tranquilidad de los usuarios no tenían importancia alguna. Al fin de cuentas es una máquina sin sentimientos.

Poco a poco las caras sonrientes de las empleadas de las aerolíneas, de las cafeterías, del supermercado, fueron disminuyendo y eran reemplazadas por pantallas.

El concepto de Modernismo se reflejaba en el número de pantallas del establecimiento, negocio, escuela y hasta iglesia. Entramos en el Modernismo, pero sin criterio de Modernidad.

Un nuevo lenguaje fue empujando al idioma local, el bit, el chateo, la SIM, los megas, la generación G, los YouTuber, la vídeo llamada y tantos más que a diario nos enseñan. El señor Google reemplazó al viejo maestro que consultábamos en la academia. Las bibliotecas entraron en anorexia intelectual y ya nuestros jóvenes no tiene ni idea quien fue Bolívar o Jefferson. Saben más del tráfico de las redes que de la revolución francesa.

Su seguridad mental no está en lo aprendido, sino en el espacio que tengan en la nube. Ya la historia no se estudia, si le preguntan por un personaje o evento histórico, sacan su celular, colocan el buscador Google y resuelta la duda.

Todos los valores se han replanteado, hasta los más íntimos. La angustia del joven no es que sus padres estén ausentes, es no tener minutos en el celular.

Los dueños de la tecnología nos venden a diario la IA como solución a nuestras vidas. ¡La Inteligencia Artificial nos hará la vida más confortable!

Pero, tranquilos, los computadores nunca podrán reemplazar al hombre pues son máquinas sin emociones ni sentimientos. Ellos no pueden amar u odiar. No pueden tomar decisiones solos, necesitan al humano. Decimos nosotros los viejos.

Los señores de Google, Amazon y otras tres, se sonríen y creo que piensan, que ingenuos estos viejos…aún creen en la autonomía y el derecho de decidir libremente. Si supieran que ya el 35% de los empleos los desempeñan maquinas IA.

En realidad, estos señores que manejan el mundo tienen un problema: la Generación Guardada, nosotros los "adultos mayores".

Los jóvenes no son problema para la IA. La aceptan y la admiran. Les evita problemas de estudio y son adictos a ella. No necesitan perder el tiempo aprendiendo asignaturas que están en la red de fácil consulta. Pueden estudiar, si lo desean, por internet, donde encontrarán infinidad de cursos todos a cuál más sintetizados y comprimidos al conocimiento mínimo, con duración máxima de tres meses en promedio. Así adquieren una educación y formación práctica, muy alejada del conocimiento humanista de sus padres y abuelos. Los vacíos intelectuales los llenará la IA del computador o robot de la empresa. Ahora son, hackers, YouTuber, saben web-marketing y todo lo imaginable, pegados al computador. No buscan amigos, sino seguidores y entre más seguidores, mejor, pues pueden ganar dinero con ello. Seguro no tienen ni idea como sembrar un árbol u ordeñar una vaca. Aún más, no saben cambiar una llanta del carro. ¡No es necesario, se consulta Google y listo!

Se preguntarán que es la Generación Guardada. Somos una clase social que nació a raíz del Coronavirus. Somos los mayores de 60 y 70 años que formamos un grupo difícil de convencer con la IA. Somos los abuelos a quienes nos han colocado el estigma de no entender la tecnología, de no saber cómo manejar un celular de última generación, de utilizar el computador como una máquina de escribir. De preferir los libros reales de papel y no los audiolibros. De tener una libreta para tomar apuntes y no una tableta para hacer blogs. De llamar a las hijas y oír sus voces, en lugar de mandarles emoticones y dibujitos idiotas. Esta generación incomoda a los padres de la IA. Hay que callarla o al menos aislarla.

El covid19 llegó (¿o lo trajeron?) caído del cielo (¿o del infierno?). Hay que cuidar a nuestros viejos. Son los más vulnerables al igual que los niños. ¡Guardémoslos! Solo podrán comunicarse por internet, WhatsApp, zoom o cualquier otra plataforma que sus hijos les puedan hacer comprender, pero la orden es "quédate en casa". Hay que guardar o mejor, callar, a los mayores de 70.

No falta el imprudente, como la señora del FMI, que diga públicamente que los viejos vivimos mucho y somos carga social. Pero, en general los autores del cambio utilizan frases amorosas y melosas, todas de cajón o cursis.

Mientras tanto, afuera va creciendo un monstruo que empieza a tomar posesión de nuestras vidas y nos engulle con sus enormes fauces. ¡No es el virus, que va! Ese se puede controlar y para eso están las vacunas.

El monstruo se llama Algoritmo.

Esta cosa es la encargada de aplanar o redondear la curva de acuerdo con los pasos y fases que los expertos han establecido para saber si la pandemia nos va a matar o no.

Y el algoritmo, como el Leviatán bíblico, todos los días nos muestra sus colmillos y los gobiernos nos cuentan cuántos muertos van y cuántos esperan.

Si la curva no se aplana, seguiremos encerrados y la Generación Guardada continuará de testigo de piedra ante la pérdida de la libertad, la confianza, el amor, la imagen del otro, la sociedad de amigos, los puestos de trabajo, la familia que se carcome con sus propios miedos y angustias.

Cuando los expertos consideren que la Generación Guardada ya no es problema porque ha tenido que aceptar que el algoritmo es el jefe y que los vacíos que han dejado los muertos se llenarán con robots de IA, nos dirán como, de pronto y gracias a las medidas inteligentes de los gobiernos, el algoritmo nos permitirá salir porque la curva ya no es curva sino recta plana. El Leviatán será controlado hasta la próxima oportunidad que sea necesario.

Ese es el mensaje entre líneas de las frases de cajón: Seremos otros. Hay que reinventarse. El mundo será distinto. Pero, ya está lista la segunda parte: el algoritmo dice que vendrá una segunda ola, otra curva a lo mejor peor que la primera. Es decir, vivan, pero recuerden que el Leviatán no se ha ido, simplemente está dormido.

Será un mundo donde mi vecino es mi enemigo que me puede contagiar. Donde el abrazo es una tentativa de homicidio. El beso un veneno malintencionado. Un saludo de mano será una puñalada mortal. Tendremos que guardar distancia y hablar con la boca cerrada, para eso está el chat. El sexo debe ser virtual, es más seguro y no tiene riesgo, pues sexo y amor son diferentes. Este último será un sentimiento de viejitos. Ya el incumplimiento de la bioseguridad está elevado a la categoría de delito.

Solo la IA es inofensiva para el humano y podemos acercarnos a ella con plena confianza.

La pregunta es, en todos esos cambios de conducta y sociales, ¿dónde está el coronavirus?

Pues donde debe estar, en el laboratorio a la espera de la vacuna. Los cambios serán impuestos y el pobrecillo del covid19 no tiene nada que ver.

Ya veremos como la segunda ola traerá noticas buenas para la humanidad. Si observamos con cuidado, en los países donde la tecnología es más avanzada está el mayor número de muertos. Estados Unidos, China, Brasil, Francia. Y si detallamos los datos, los muertos son en promedio gente joven y productiva. Viejos somos un bajo porcentaje…nos han cuidado mucho quizás.

Esto quiere decir que muchos frentes de trabajo que realizaban esos jóvenes muertos quedaron vacíos.

Muchas empresas han ido a la quiebra y desaparecen del mercado.

¿Como haremos para recuperarnos de este descalabro?

La buena noticia ya llegará: tenemos la app, los programas y los robots que van a llenar esos vacíos y van a reconstruir lo perdido más rápido y mejor. ¡Tenemos la IA trabajando para la humanidad! El mundo, ahora, es virtual y cibernético.

La vacuna aun no la tenemos, pero las máquinas IA están ya listas.

Ahora será más normal ver a un robot portero o policía o vendedor de pasajes.

Que los robots no tienen sentimientos, decimos los de la Generación Guardada. Pues, amigos, observen cuanto tiempo llevan los buscadores acumulando información sobre todos y cada uno de nosotros. Ya Google sabe que profesión tiene usted, que gustos tiene según las compras que hace por internet, quien es su esposa y cuantos hijos tiene según su Facebook, cuánto gana según su saldo bancario diario, adonde piensa viajar en vacaciones pues tiene cuenta en Booking, que religión profesa según las palabras que usa en el WhatsApp. Que ropa compra. Que temas le interesan según el uso de los buscadores. Que tendencias sexuales tiene. Que creencias maneja.

Un buen programador o hacedor de algoritmos, toma toda esa información y en poco tiempo tiene un perfil exacto de usted de tal modo que puede tomar decisiones en su nombre en forma "emocional". ¿Ciencia ficción? No, recuerde el escándalo de la venta de datos en la campaña de D. Trump y que generó la discusión con Rusia. Estos compraron los datos e hicieron que muchos americanos se volvieran a Trump porque le mandaron correos acordes con sus sentimientos y modo de pensar.

Todo hoy en día se puede reemplazar con la IA. ¿Y qué haremos con laGeneración Guardada? Seguir guardándola, ya que los expertos seguramente concluirán que la vacuna, lamentablemente, solo es aplicable a personas de máximo 55 o 59 años, puesto que precisamente la Generación Guardada tiene el sistema inmunológico muy bajo y por lo tanto es muy riesgoso inocularlo con el virus para que genere anticuerpos.

Nosotros, como Jonás, tendremos que esperar que ese Leviatán llamado Algoritmo, nos permita vivir o morir.

DR. GUSTAVO PALOMINO GÓMEZ
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