07.02.20

Un Cuento Esenio

Caballos libres galopando

Despuntando el sol salí al campo pensando que estos caballos de hipoterapia parecen niños juguetones que disfrutan haciendo pilatunas. Se habían salido de las pesebreras durante la noche y estaban en el campo pastando tranquilamente. El líder, enorme, blanco, fuerte e inteligente los tenía reunidos en un pequeño valle donde la pradera y el agua del arroyo hacían un telón de fondo que resaltaba las corpulentas figuras de la manada que mordía con gusto la hierba y avanzaba lentamente, por entre los rayos del sol que despertaba, sin levantar la cabeza, dándose un banquete de pastos, hierbas y forrajes.

Viendo este fantástico cuadro salpicado de luz, recordé aquel relato bíblico del hombre que pregunta a su Guía, al ver una manada de caballos: ¿qué son esos? Y el Guía le contestó: son los ángeles que ha mandado Dios a recorrer la tierra.

Estaba yo perdido en estos pensamientos cuando el líder, el caballo blanco y fuerte, levanta su cabeza con las orejas hacia arriba, los hijares abiertos, la cola arqueada y me dice: ¿Estás preparado para entender por qué somos ángeles de Dios? Apoyándome contra un árbol miré a mi alrededor pensando que la belleza del paisaje y la hermosura del entorno estaban alterando mi mente. Sorprendido conmigo mismo me quedé mirando esa figura que parecía una escultura griega.

Una especie de torbellino de luz se empezó a formar sobre el cuerpo del caballo blanco y ascendía en espiral irradiando infinidad de colores y múltiples formas angelicales tomaron cuerpo rodeando al líder de la manada.

Una voz dijo: Yo soy el Ángel del Sol, soy toda la energía, la fuerza y el calor que la tierra necesita para vivir. El Creador me envía para que por medio del caballo pueda transmitir al jinete todo mi poder. Resido en el caballo porque es una de las obras más perfectas de Dios.

Un segundo ángel tomó forma y dijo: Yo soy el Ángel del Aire, soy el movimiento puro, la energía cuántica de la naturaleza. La misión que me da el Creador es hacer que el jinete aprenda el movimiento de la vida con la ayuda del que tú llamas coterapeuta.

Yo soy el Ángel de la Vida, dijo otro ser, soy la energía y el movimiento en existencia. Transmito la vida al jinete cuando le muestro la cantidad de posibilidades que nos brinda el estar vivos. A cada instante alabo al Creador porque cada instante es un pedacito de vida.

Me llaman Ángel del Poder, dijo la cuarta entidad, soy la consecuencia lógica de tener vida, movimiento y energía, por tal razón mi misión es transmitir al jinete la fuerza necesaria para seguir adelante, para vivir y cumplir el objetivo para el cual el Creador lo ha destinado.

De pronto, todo el paisaje se detuvo en el tiempo, la luz del sol acentuó su brillo y los colores fueron más colores, el aire fue más aire, la vida fue más vida, todo ser viviente se inclinó en respetuoso silencio, la manada de caballos dejó de pastar y miraron fijamente a su líder. En el pecho del caballo había una gran luz violeta que ascendía hacia el torbellino donde estaban los otros ángeles. Todo el valle se inundó de luz brillante y una voz dijo: Soy el Ángel del Amor. El amor es darse a sí mismo, como lo hizo el Señor, es comprender al más débil y ayudar al más pequeño, mira que esta es la esencia de nuestro trabajo terapéutico. Pero, soy un Ángel que debo permanecer en todos los que intervienen en la labor: Soy el Amor que el caballo trasmite, soy el Amor que el paciente recibe, soy el Amor del profesional que hace equipo con nosotros, si no estoy simultáneamente en los tres corazones, el proceso es incompleto. Soy el más importante de todos los ángeles de tal forma que si no estoy, los demás son simples vasijas vacías, yo lleno todo, yo purifico todo, yo justifico todo.

Me sentía parado en la frontera de lo real y lo imaginario, pensaba que estaba dormido, pero era consciente de mi vivencia. Sin saber en qué momento, toda la manada me había rodeado, el líder, aquel caballo blanco y hermoso, me indicaba con la cabeza la dirección de la casa.

Caminaba yo adelante, con el caballo líder a mi lado, confundido y alegre, ansioso y dispuesto a contar mi experiencia, cuando el imponente caballo blanco me dijo: no es tiempo aún de contar a nuestros pacientes lo que has conocido, ya llegará el momento.

¿Esto lo viví o lo soñé? No lo sé. Fue hace muchos años, pero ahora ante la pandemia que nos acompaña.

¡Creo que el momento ha llegado!

DR. GUSTAVO PALOMINO GÓMEZ
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Quiero, ahora, entrar el tema de la PSICOTERAPIA ASISTIDA la cual tiene mucho que ver con el Susurro del caballo. Para ubicarnos conceptualmente, debo presentar mi visión del tema de la emociones, los principios de la fenomenología, la Gestalt y el humanismo, así como lo que traté de aprender de Freud, Rogers, Erickson, Adler, Jung, Sullivan y finalmente Perls.

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Cuando niño era un aficionado, casi adicto, a los "comics" que vendían en todas las esquinas y teatros de mi ciudad, los domingos antes del matinal.

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